domingo, 28 de octubre de 2012

Una visión de Bourroughs

 

Datos biográficos

William Bourroughs nació en St. Louis, típica ciudad norteamericana del Middle West en el seno de una ilustre familia industrial de la aristocracia burguesa estadounidense. Un antepasado suyo fue el inventor de la máquina calculadora Bourroughs. Se graduó en literatura inglesa en Harvard, y realizó posteriormente estudios antropológicos en Viena. También se matriculó un tiempo en la Universidad de Columbia de Nueva York donde conoció a Allen Ginsberg y Jack Kerouac, ejerciendo sobre ambos una notable influencia, aunque su vinculación ideológica a los autores de la Beat Generation en cuanto a estilo literario se refiere es muy cuestionable, su técnica narrativa podría acercarlo más a autores europeos como Sade, Ionesco, Genet, L.F. Celine, Juan Goytisolo.

Tras la graduación su poderosa familia le asignó una renta mensual vitalicia, que compaginaba con los oficios ocasionales: barman, exterminador, detective privado, traficante de hierba. Fue entonces cuando se convirtió en adicto a la morfina y heroína, y tras un periodo en Nueva York (magistralmente narrado en Junkie, su primera novela) se traslada a México, pues allí la droga es más barata y la vida mucho más fácil. Lo cierto es que su adicción a los opiáceos, hizo que en ciertas ocasiones viviese en la más absoluta de las indigencias. Huyendo de esta axfisiante adicción voló a Europa: Londres, Viena, Estambul, seran el nuevo escenario de sus cuitas, y sobre todo Tanger, ciudad bourrougshiana en la que su espíritu y su sangre sedienta de droga encontraban mayor paz por su permisividad social y bajo coste. Allí vivió el periodo durante el que escribió "Naked Lunch" (Almuerdo Desnudo), título sugerido por Jack Kerouac durante la visita a su amigo.

Si en Junkie narra las peripecias de un grupo de adictos buscando desesperadamente la droga por las difíciles calles de Nueva York, en Almuerzo Desnudo describe con humor sórdido las truculencias y maquinaciones del loco Dr.Benway, pero con una técnica narrativa radicalmente diferente, aquí va adentrándose en el campo experimental siguiendo la técnica pictórica de su amigo el pintor inglés Brion Gypsin: el "cut-up", que consiste en una especie de college de textos. En sus siguientes novelas desarrolla a fondo esa técnica: Nova Expres, The Soft Machine, The ticket that exploted, Exterminator, The white subway, y por fin City Ligth Red, su última novela escrita en 1980, y a mi juicio su obra más redonda. Es una narración plena de madurez y sabiduría, lograda tras años de vida transhumante y alocada, recogiendo "los hechos de la vida", según sus propias palabras extraídas del viejo Conrad, uno de sus novelistas preferidos.

Ciudades de la Noche Roja es una mezcla de estilos y géneros que van de la ficción belicista a la novela negra con sabor de relato decimonónico de aventuras, alternado con la búsqueda de ricos hippies neoyorquinos extraviados en blancas islas del Egeo, cuyas cabezas aparecen cortadas en paquetes aéreos, y son utilizadas en extraños ritos sexuales, para aumentar el placer del orgasmo. El sexo aperece como en todas sus novelas envuelto en una liturgia sagrada, violenta. Traza cuadros eróticos de exageradas proporciones, que el propio Alphonse Donatien hubiese firmado.

Una Visión Personal

Tanger, finales de Octubre. Domingo por la tarde...jovenes homoxesuales árabes esperando al atardecer en plazuelas infames...diversos rasgos étnicos y culturales dibujados en sus rostros... hay niños bien vestidos mendigando con gemidos expertos, ancestrales: "Somos pobres, muy pobres"... al fondo una calleja más concurrida distrae su atención, la atraviesa y desemboca en otro barrio, otro estilo de ciudad...espléndidos edificios coloniales, rectos rascacielos de la modernidad, la firma del tiempo en la vieja ciudad cosmopolita...vejete de mediana estatura con elegantes gafas de concha oscura cruza un semáforo, a poca distancia le sigue un joven hercúleo y apuesto con ajustados y descoloridos pantalones vaqueros... ¿Bourroughs con un chapero comprado para triste amante de esta tarde mortecina?... Por qué no, acaso no sería más fácil verle aquí en Tanger que en Singapore, por ejemplo, pero no quiero dejarme llevar por el alucinante flash, y sigo discretamente a distancia a la invisible pareja, hasta que se confunden en la perezosa, dominical multitud de las aceras, que se entretiene ante los vistosos escaparates..."No tenel, no good, no bueno, volvel vielnes"...la puta cantinela de la lavandería china que pega un portazo en tus narices de adicto una vez más...en otra ocasión haremos que el ispector Lee y su policía nova se encarguen del asunto...tintas en los talleres de las imprentas, imágenes de un likerollinstoniano vivir, películas con mensajes sincopados...producen pesimismo y distracciones inútiles e idiotas...mejor escucharemos las viejas máximas del Gran Yogui, o las palabras de Hassan i Sabbad, el Viejo de la Montaña, el Jefe de los Hassisinos...hay que cambiar el mundo...por eso nuestra música es optimista...papel de plata volando al viento en la abandonada plaza mexicana...el culo exagerado de Lupita se bambolea excitante frente a la repulsiva mirada del raquítico yonqui gringo...Lupita le da una papela a cambio del billete, y vuelve a esconder el paquete entre sus tetas de melón..."Puedes irte a la mierda, mala puta. Este yonqui te da vida tragándose todo esta basura que vendes", parecen decir los ojos del gringo...He visto a las mejores mentes de mi generación destruídas por...culona vieja voz hebráica, que salmodia la letanía como el ronroneo de un gato satisfecho...pero como escribió Tolstoy, el amor nos redimirá a través de las generaciones...bah!, puta palabrería...crueles paranoias de la plomiza resaca alcohólica...el agua del Ganges siempre baja purificando por el mismo cauce...siempre escucha misma parafernalia del lamento, de la invocación, del canto extasiado, del aullido ritual atrapado de una ilusión insostenible...papeles en las imprentas y rotativas hacen ruido, producen pesimismo y distraciones inútiles...eso hay que cambiarlo, y nuestra música es optimista para conseguirlo...y tú, escupiendo lo que el corazón apremia, atrincherado en la casbah como el bereber artesano, bombardeando la informe masa que te rodea con la siniestra ternura de Benway, con la trágica luz de Bill Gains, disciplinado sacerdote de la aguja salido de tu imaginación... mientras los papeles hacen ruido en las imprentas, tintas húmedas y fuertemente olorosas ennegrecen folios...producen pesimismo y distracciones idiotas...eso hay que cambiarlo, por eso nuestra música es optimista.

Juan Pueyo
Artículo del fancine "El Lado Salvaje", Binefar (Huesca), 1984

jueves, 25 de octubre de 2012

El compromiso de un novelista

 





Un acontecimiento ha alborotado el mundillo literario durante estos últimos días, y esto ha sido provocado por el anuncio del ministerio de Educación y Cultura que al novelista Javier Marías, hijo del filósofo post Generación del 27, Julián Marías, le ha sido concedido el Premio Nacional de Narrativa 2012, y la posterior renuncia del galardonado fue factor constitutivo de una polémica sustanciosa que agitó redes sociales, (fue trending topic en Twitter), radio, prensa escrita y hablada. El autor madrileño es un señor académico de la RAE de mi generación, lo cual ya es una buena razón para que me caiga bien y sienta cierta admiración, además del respeto a la excelencia de su prosa claro está; tenaz, concienzudo e importante escritor en esta España multicultural que vivimos. Su obra es muy seria, muy honesta, y sobre todo muy coherente, unos valores por su escasez enormemente valiosos. Hay quien le tacha de aburrido y plomazo: "Marías es muy bueno...pero un peñazo", es una frase que se oye a menudo. De igual modo una chica decía el otro día en Facebook, que se lo recomendaba su profesor de Penal, alabando la profundidad de sus reflexiones. Yo desde siempre he sido un admirador suyo, incluso hubo un tiempo que me coleccionaba sus artículos semanales de El País, porque me impresionaba su integridad, tan digna, tan sobria, tan castellana.  Tan sólo en un momento dado podría recriminarle su madridismo, que al principio me causó cierto repelús, aunque luego se transformó en simpatía, y me supuso una gratificante reconciliación con algunos valores del madridismo, que mi fanático ardor culé me había solapado descaradamente.

El ministro de Educación y Cultura Sr. Wert, otro bachiller del primer plan de estudios de la posguerra de 1957 que conoce la historia de esta península Ibérica a través del susodicho plan antigualla casposa, sesgada manipulación de hechos históricos, dicho sea de paso, un ministro que quiere como Franco españolizar Cataluña -¿no es más sencillo y propio del siglo que Cataluña sea Cataluña, y Extremadura sea Extremadura?- también enemigo de la educación pública y entusiasta del elitismo de la privada, le ha concedido graciosamente al bueno de Javier Marías el Premio con el subsiguiente bonus de veintemil eurejos de nada. Marías es un novelista muy traducido, vende bien sus novelas en varios países; según parece su vida es desahogada, y así a bote pronto no tiene ambición por acumular una cuenta corriente de demasiadas cifras a la derecha; en consecuencia ha rechazado la obsequiosa dádiva del Sr Wert según declaración posterior: "Por coherencia siempre dije que no quería dinero público por mi trabajo, que si hubiese sido el PSOE, lo hubiese rechazado también, que el Estado no tiene por qué darme dinero por escribir, porque me guste hacerlo". Me viene a la memoria otro autor español de grato recuerdo y reconocido prestigio, Juan Goytisolo, que siempre ha rechazado este tipo de premios, y con argumentos parecidos a los de Marías, y de más enjundia por una razón intrínseca de orden moral y ético que tiene mucho que ver con la dignidad y la esencia del escritor: el compromiso con su obra, que está muy por encima de toda farándula de boato o interés crematístico. Juan Goytisolo o José Luis Sampedro son ejemplos vivos de esta especie, y así mismo han sido siempre para mí modelos a seguir entre los escritores españoles, elevados a una especie de jerarquía o pedestal que se podría llamar de "novelistas puros", y ahora este gesto de Marías de momento le sitúa automáticamente en ese lugar de mi particular mitología.

Si su rechazo al galardón de tan prestigioso Premio hubiese sido una calculada maniobra de marketin, diseñada para el aumento de ventas de ejemplares de su último libro "Los enamoramientos", aunque fuese una ineludible imposición de la editorial, mi decepción sería enorme; aunque en realidad tampoco creo que sea para tanto, porque vivimos unos tiempos y en un país "de todos los demonios", que diría Jaime Gil de Biedma.

Juan Pueyo